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El pasado 15 de marzo se cumplieron 100 años de un suceso que, aunque palidece con algunos sucesos políticos de la época, pocos negarán que es uno de los puntos importantes para entender la historia y la actualidad nacional: la prohibición de las sustancias heroícas (como se le llamaban en esa época) o psicoactivas.

Pero regresemos un poco. El ser humano tiene una larga historia en el uso de sustancias. Se consume cannabis desde hace dos mil quinientos años en China, adormidera desde el Papiro de Ebers en el siglo XVI a. C. y hace ocho mil se consume la hoja de coca en Perú. Esta relación tuvo sus detractores; pasando por la prohibición del Papa Inocencio VIII en 1484 o la campaña Napoleónica a principios del siglo XIX; casi todas estas prohibiciones tuvieron un carácter clasista y moral.

Hasta principios del siglo pasado, las prohibiciones se enfocaban en un país o grupo social. Sin embargo, esto cambió después de la Guerra del Opio (1839-1860). Los conflictos por el comercio de adormidera, precursora de la morfina y la heroína, llevó al conflicto armado entre la potencia imperialista (primero Reino Unido, después Francia) contra China y trajo al ámbito internacional la necesidad de una fiscalización (control) de sustancias.

Derivadas de este suceso político-social, y una corriente de orden basada en la salubridad, se llevaron a cabo las convenciones internacionales para establecer las reglas para el control de sustancias psicoactivas; como fue el caso de la Comisión Internacional del Opio llevada a cabo en Shanghai en 1909. Este grupo creó uno de los primeros instrumentos de derecho internacional con miras a fiscalizar sustancias, el cual fue firmado en La Haya hasta 1912.

Pasada la Primera Guerra Mundial (1914-1917), la recién creada Liga de Naciones, antecedente de la ONU, tomó el mecanismo de control aceptado en 1912.

A la par de la Convención Internacional del Opio, en México se llevaba el suceso político-social más importante de la historia moderna: la Revolución Mexicana. Durante estos años, tener una válvula de escape de la realidad en el campo de batalla era algo tolerado entre los soldados. El uso de sustancias psicoactivas se generalizó en todo el país gracias a las campañas militares.

En el contexto del conflicto de bandos que existía en México, Venustiano Carranza llevó a cabo la promulgación de la Constitución en 1917. Tanto historiadores de derecha como de izquierda la describen como una serie de leyes escritas por un grupo político.

En el Congreso Constituyente quedó plasmada la necesidad de un control de sustancias en el Artículo 73, el cual detalla: “las medidas que el Consejo haya puesto en vigor en la campaña contra el alcoholismo y la venta de sustancias que envenenan al individuo y degeneran la raza, serán revisadas por el Congreso de la Unión en el caso que le competan”.

Tres años después de ser promulgada la Carta Magna, en enero de 1920, el Consejo de Salud tuvo una junta en la cual se propuso agregar al cannabis a la lista de sustancias peligrosas. Fue así que el 15 de marzo de ese mismo año se promulgó las ”Disposiciones “sobre el comercio de productos que pueden ser utilizados para fomentar los vicios que degeneren la raza y sobre el cultivo de plantas que pueden ser empleadas con el mismo fin”, con lo que dio inicio a una persecución formal al uso, cultivo y transformación de la cannabis.

Lo curioso es que dicho escrito desecha el uso medicinal de la mariguana, pero permite el uso medicinal del opio, incluso el cultivo de amapola en territorio nacional (con previo permiso de Salubridad). Esta disparidad aún es un misterio. Pero como el Maestro José Domingo escribió en su tesis: “En el caso concreto de la marihuana, aunque ésta era usada como medicamento y sus usos recreativos no eran aún un problema de salud pública en las leyes prohibitivas pudieron haber estado orientadas a prevenir un futuro problema de salud pública: una raza mexicana eventualmente degenerada”.

Este fue el primer y segundo paso para lo que hoy es la prohibición de la cannabis en México. Cabe mencionar que en el decreto de 1920 no había acciones penales hacia consumidores de cannabis, eran multas de $100 a $5 mil pesos, además de la decomización de la(s) planta(s). Lo anterior cambió en 1929 cuando se reformó el Código Penal Federal dónde surgieron la penalización y criminalización a la María.

Para conmemorar el hecho y exigir que no se llegué al año 101, el Movimiento Cannábico Mexicano llevó a cabo una caminada del #Plantón420 al Monumento a la Revolución para hacer una hoja de cannabis hecha de usuarios y activistas.

Referencias:

“Oldest evidence of marijuana use discovered in 2500-year-old ….” 12 jun.. 2019, https://www.sciencemag.org/news/2019/06/oldest-evidence-marijuana-use-discovered-2500-year-old-cemetery-peaks-western-china.

“A brief history of opiates, opioid peptides, and … – NCBI – NIH.” https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC46725/

“En Perú ya se masticaba coca hace 8.000 años – BBC News ….” 2 dic.. 2010, https://www.bbc.com/mundo/noticias/2010/12/101202_coca_masticada_men.

“Opio para el pueblo, la droga que aseguraba el monopolio ….” 25 jun.. 2014, https://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2014/06/25/53aa95d8ca474106308b457a.html.

“Un siglo de fiscalización de drogas.” https://www.unodc.org/documents/26june/26june08/100ydrugcontrol_S.pdf.

“La Disipada Historia de la Marihuana en México: 1492-2010”, García Vallejo, Juan Pablo, Eterno Femenino ediciones, México D.f., 2010

“La Prohibición de la Marihuana en México, 1920-1940”, Schievenini, José Domingo, Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro, 25 de octubre de 2012.

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Categorías: Educación y Cultura, Growing

Hola sobrinxs, ¿cómo los trata este tiempo de cuarentena? El Coronavirus o COVID -19 llegó para quedarse un rato y para muchos es la oportunidad perfecta de empezar ese proyecto de autocultivo que siempre pensaron.

Y porque ustedes lo pidieron les traigo una colección especial de libros para cultivar la mente y cosechar flores.

La primera recomendación es uno de nuestros favoritos de la literatura cannábica; es un libro del famoso y conocido Jack Herer, probablemente conoces este nombre por la estrain, y sí, esa flor se llama así en honor a este ícono de la cultura cannábica.