Los mitos más comunes sobre cannabis

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Categorías: Educación y Cultura

Una de las principales características de las políticas prohibicionistas es la exageración de los “efectos negativos” de las sustancias psicoactivas. Existen pocas plantas tan atacadas como la cannabis; de la cual, a partir de ideas se han creado mitos.

Desde lo ocurrido en los 70′, nos han bombardeado con una serie de mitos sobre las sustancias. En los 80′ Nancy Reagan (entonces primera dama de Estados Unidos) decía “Just Say NO”. En México nació la horrible animación de”Vive Sin Drogas” en la década de 1990, hasta la actual campaña “Juntos Por la Paz”. Y así cada generación con su propaganda fallida.

Todas estas campañas fueron creadas por grupos que buscan mantener el control de las minorías consumidoras, que (según ellos) ponen en peligro el orden social.

Reagan y su fallida campaña: SOLO DI NO!

El común denominador de estas campañas es que usan política basada en ideas, creencias discriminatorias que generan miedo.

Mitos comunes:

“La marihuana lleva a la delincuencia y a la violencia”.

Este es el mito más común sobre cannabis, presente en discursos de políticos por tanto tiempo que ya es difícil seguirle la pista.

Harry Anslinger, el “Zar Contra las Drogas” estadounidense durante 30 años plasmó sus ideas en frases como:

Harry Anslinger, el primer comisionado de la DEA en 1930. Comenzó lo que conocemos como Guerra Contra las Drogas.
Harry Anslinger. Fuente: DEA

“Fuma un porro y es probable que mates a tu hermano.”

“La marihuana ha sido la droga que ha causado mayor violencia en la historia.”

Nunca existió tal evidencia. Actualmente, distintos estudios, realizados en diferentes estados donde se ha regulado el cannabis (como Colorado), han presentado resultados que indican lo contrario. Las sociedades violentas no son tan fáciles de explicar y relacionar la violencia con una sustancia es algo simplista.

“Para que las drogas no lleguen a tus hijos.”

Ese fue el slogan de la campaña mexicana durante del Gobierno de Felipe Calderón (2006-2012), tristemente célebre por comenzar una guerra que costaría 250 mil muertos y miles de desaparecidos (hasta 2019). ¿Resultados positivos? ninguno. Esta campaña causo tanto daño, que hizo que los mexicanos votáramos por el regreso del partido hegemónico del Siglo XX; dejando atrás la idea de un gobierno de alternancia útil, como se creía en el 2000.

Es aquí donde entra el mito de que los narcotraficantes van a las escuelas a ofrecer drogas ilegales, lo cual realmente no pasa. La Encuesta Mundial sobre Drogas 2019 refleja que la mayoría de los usuarios de cannabis que respondieron (34%) consiguen las sustancias con un dealer, otros entre sus amigos, en festivales o eventos, y una minoría (2.8%) manufactura o cultiva su propio material.

“No queremos que los niños consuman.”

Tampoco ninguno de los activistas. La diferencia es que, quienes abogamos por la regulación, queremos que lxs adultxs puedan acceder al cannabis (o cualquier otra sustancia o planta) sin correr peligro o tener que ser parte del mercado negro. Queremos retomar el control no dejárselo al narcotráfico.

Una regulación sensata busca que lxs usuarixs que puedan ser propensos a daños en su salud no puedan acceder a las sustancias en cuestión. Por ejemplo: en los dispensarios de California, Oregón, Nevada, etc., no está permitida la venta a menores de edad.

Hasta que los estudios muestren claramente que el cannabis no genera daños (o sí) en menores, lo más inteligente es dar información que retarde el uso de cualquier sustancia.

Lobby de un dispensario legal de marihuana.
Dispensario de cannabis legal. Fuente: Potguide

“Regular el cannabis no detendrá la inseguridad.”

En parte es cierto; el problema se dejó crecer a tal grado, con la idea de que el combate frontal podría detener la venta y el consumo, que ya no tiene mucho que ver con las sustancias. Y menos tiene que ver con la cannabis (que ha sido relegada por otro tipo de drogas, como las metanfetaminas), sino con políticas públicas mal instrumentadas.

Lo que sí lograría la regulación es que los esfuerzos de seguridad vayan contra crímenes reales como el homicidio, feminicidio, secuestro, extorsión, etc.

“Consumir cannabis te vuelve loco.”

Este mito es el más complejo de responder. Algunas investigaciones afirman que el consumo de cannabis (en particular con altos niveles de THC) puede aumentar las posibilidades de la aparición de psicosis o esquizofrenia. Otros estudios lo dudan ya que usaron cannabis con presuntos contaminantes.

El común denominador en este tema es: “necesitamos más investigación”. Necesitamos hacer más estudios para saber cómo afecta el consumo, qué cannabinoides son los que causan daños en algunas personas con antecedentes; cual es la relación con la esquizofrenia, etc.

Lo anterior nos presenta un dilema: debemos estudiar más a la planta, pero mientras siga siendo ilegal, su investigación va a seguir sumamente controlada y/o prohibida. Posiblemente, la regulación traerá luz a este tema.

Lo que sí está comprobado es que consumir antes de los 25 años puede traer problemas de aprendizaje, cognoscitivos y psicosis. Por esta razón, los menores de edad no deberían consumir.

El protagonista de la "Locura del porro", película anti marihuana de 1936
Reefer Madness (1936)

“La cannabis es una droga de entrada.”

Su respuesta es un rotundo NO. De hecho, en Estados Unidos se está comenzando a usar el cannabidiol para tratar el uso problemático de opioides. La razón por la cual se extendió esta creencia es lo que llamamos “Efecto Góndola”, esto es: en el mercado negro la misma persona que se dedica a vender ilegalmente cannabis, también vende cocaína, crystal, etc. No les importa la salud, le interesa vender, lo que lleva a ofrecer otras sustancias.

Esto también lo reduciría la regulación, ya que como pasa en todos los países donde venden cannabis legal, no permiten que los dispensarios vendan otras sustancias, ni siquiera alcohol.

Conclusión:

Estos fueron algunos de los mitos más comunes sobre la marihuana. Cabe destacar que las política públicas basadas en creencias y en medias verdades no funcionan, ya que en sociedades tan complejas es imposible entender el problema de las sustancias de una forma tan simple y unidireccional.

Queda en todxs nosotrxs identificar las noticias falsas y preguntarnos ¿es verdad que toda las sustancias ilegales son malas como dicen?

¡Buenos humos!