Criminalizar a los usuarios: la forma más fácil de no solucionar el problema de drogas

Fuent

Por más de 20 años nos han dicho que para acabar con el narcotrafíco debemos matar a los capos y desaparecer la oferta, pero después de todo este tiempo sin resultados reales y miles de muertos, la opinión pública parece regresar a un discurso que, más que ayudar, reactiva uno de los errores más grandes en la guerra contra las drogas: ir contra los usuarios.

Los que nacimos entre 1990 y 1995 hemos sido bombardeados por décadas de operaciones especiales, decomisos de sustancias ilegales y la detención (o abatimiento) de grandes capos de las organizaciones criminales. Desde la detención de Felix Gallardo en 1989, pasando por la detención de El Chapo en 2016, del Mayo Zambada en 2024  detener a estos grandes líderes criminales se convirtió en un punto importante dentro de la propaganda gubernamental enfocada en enfrentar al crimen con la fuerza.

El pasado 22 de febrero, nos despertamos con las noticias de que en muchas zonas de Jalisco había enfrentamientos, autos quemados, y cierres de caminos. La razón era que había caído el último gran capo mexicano: Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, líder de la organización criminal más grande México. Después de esta noticia y algunas horas de espera, las autoridades mexicanas confirmaron los rumores y la noticia llegó a todo el mundo.

Sin embargo, aun con todas estas detenciones la violencia y todo lo que genera el narcotráfico ha aumentado desde el 2006 (cuando comenzó la guerra contra las drogas): de una organización criminal, se crearon decenas de ellas, surgieron autodefensas de civiles que buscaban defenderse, se destruyeron cultivos, masacres de civiles y que ciudades se convirtieran en campos de batalla entre cárteles rivales. Lo anterior mantiene un ambiente de miedo que fomenta la militarización de la seguridad pública y una idea simplista para busca explicar que, aún con los miles de asesinados y millones de dólares invertidos, la violencia sigue por “la culpa la tienen los consumidores de drogas”.

Pero culpar a los usuarios de sustancias del ambiente de violencia, minimiza todo el mecanismo que permite  las organizaciones ilegales: corrupción de aduanas, alianzas de varios niveles de gobierno con crimen organizado, financiación extranjera, tráfico de armas desde EUA, etc. Basicamente es culpar al eslabón más débil de una pequeña parte de sus millonarias ganancias, ya que los grupos de crimen organizado actuales han diversificado sus actividades más alla de todo lo relacionado con el tráfico de sustancias.

Por lo anterior, en Thulio nos solidarizamos con las comunidades dañadas por estas políticas y seguimos en pie y a favor de una despenalización de las sustancias, legalización y una regulación con visión de reparación del daño a las comunidades, con perspectiva de género, garantizando Derechos Humanos, reducción de riesgos y daños, y sobre todo, evitar la criminalización de usuarios y pacientes cannábicos.

La violencia NUNCA será la respuesta a la situación de las sustancias ilegales en México y en mundo. Esto lo refleja una frase de la organización SSDP: “La Guerra contra las drogas, es una contra contra nosotros”.

 

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